¿Conoces la cirugía bariátrica? Te contamos los 3 mitos más frecuentes

¿Conoces la cirugía bariátrica? Te contamos los 3 mitos más frecuentes

Los datos de sobrepeso y obesidad van cada vez más en aumento siendo ya cifras alarmantes. En los últimos 40 años (1975-2015), las cifras de obesidad han aumentado desde un 1% hasta un 7%, alcanzando los 124 millones de personas entre los 5 y los 19 años (OMS, 2017). En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos (OMS, 2016).

Además, no nos olvidemos que la obesidad es una enfermedad prevenible. El abordaje multidisciplinar en estos casos es fundamental: alimentación saludable, ejercicio físico, descanso, regulación del estrés y buena gestión emocional…

Debido a esto, cada vez son más las personas que se someten a cirugías bariátricas con el fin de poner solución a esta enfermedad. Quizás no te suene este término en concreto, pero igual has oído hablar del bypass, la manga gástrica, la reducción de estómago, la banda o el balón. Todos ellos son tipos de cirugías que se utilizan y que, dependiendo del caso particular, se recomienda una u otra.

Llevamos tiempo trabajando con pacientes que se han sometido a ellas, por ello, antes de nada, queremos dejarte las 3 frases más frecuentes que escuchamos para que antes de lanzarte a ello, decidas teniendo toda la información.

1. “Solo con la cirugía ya se adelgaza”

Este enunciado es un mito ya que no todos los casos de cirugía son exitosos. La mayor causa de fracaso en ellos es debida a una mala alimentación, sedentarismo o una inadecuada gestión emocional. Debe ir acompañada de una educación en hábitos saludables. Es así, no hay otra, está más que demostrado.

Se suele adelgazar rápidamente las primeras semanas por dos motivos: un déficit calórico brusco debido a la reducción de cantidades junto con el cambio de pauta alimenticia (al inicio es líquida-triturada) y una pérdida de peso derivada de músculo y agua que luego se vuelve a recuperar (lo cual es beneficioso).

No vamos a negar que es muchísimo más fácil adelgazar porque se reduce el hambre física por lo que el déficit calórico se cumple más fácilmente. Pero, si este proceso no va acompañado de una reeducación en hábitos, la solución no se mantendrá a largo plazo. Y esto es una verdad innegable.

2. “Se puede comer de todo desde el inicio siempre y cuando sea saludable”

Aunque pensemos que, por someternos a este tipo de cirugías, ya podemos comer de todo al libre albedrío, lo cierto es que no. El estómago necesita de un tiempo de adaptación dependiendo del tipo de cirugía. Tras esta, se produce una inflamación de la mucosa gástrica, en algunos casos, necesita cicatrizar y va acompañada de sintomatología digestiva como dolor, náuseas, vómitos, acidez o ardor, entre otros. Según la cirugía, el tiempo de adaptación y los síntomas cambian.

Las primeras semanas o incluso, mes y medio hay que hacer una pauta primero líquida a base de caldos, leche, bebidas vegetales, zumos… y después, triturada a base de purés de verduras, compotas y batidos de frutas, queso fresco, lonchas de embutido magro como pavo… para mejorar todos los síntomas mencionados previamente y conseguir así que el estómago se recupere por completo. A continuación, se va haciendo una pauta progresiva de más fácil digestión a más compleja hasta comer de todo.

Estas pautas son importantísimas y fundamentales a cumplir ya que, si no, podrían poner en riesgo toda la intervención.

3. “Con la cirugía, se quita el apetito por completo”

Se reduce el hambre, pero no se nos van a quitar las ganas de comer (como a más de uno le gustaría). El primer factor que debemos tener en cuenta es que hay que distinguir entre hambre física y emocional. Esta segunda suele estar muy presente en pacientes con obesidad. La cirugía bariátrica nos ayuda a reducir el hambre física interviniendo con dos hormonas, la ghrelina (conocida como hormona del hambre) y la leptina (la de la saciedad).

Al equilibrar estas dos hormonas y sus niveles, conseguimos que el paciente deje de pasar hambre (física) y se sacie más fácilmente haciendo que el déficit calórico sea más sencillo de llevar a cabo. Pero, no quita el hambre emocional o lo que comúnmente llamamos como “antojos, ganas de comer” porque este va ligado a otras hormonas (serotonina, dopamina, cortisol…) y a una inadecuada gestión emocional donde la comida es la vía de escape. Esto se consigue regular con seguimiento psicológico.

Dicho esto, queremos lanzarte algunas ideas a modo de reflexión:

  • Pensemos en todo lo que hemos hecho hasta ahora y si ha fallado, por qué lo ha hecho. Te animamos a plantear soluciones desde la adherencia para poder buscar resultados que se mantengan en el largo plazo.
  • Cuánto dinero nos gastamos en productos milagrosos que no sirven para nada. Igual que vamos al dentista para temas dentales, ¿por qué nos fiamos de la dieta de la vecina o de la de internet en vez de profesionales de la salud?
  • No son los kilos que se pierden, es la calidad de vida que se gana, hablamos de salud.

¡Hoy es un buen día para empezar a cuidarse!

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