Para aquellos a los que septiembre se les hace cuesta arriba

Para aquellos a los que septiembre se les hace cuesta arriba

Somos una sociedad que cada día tiende más a los extremos. Una sociedad de blancos y negros. Largas jornadas laborales, fines de semana bajo mínimos de energía. Dietas restrictivas seguidas de atracones. El máximo de motivación en el gimnasio pasando al “mañana empiezo” y largos períodos de sedentarismo. Un curso escolar y 3 meses de vacaciones.

Tendemos a guiarnos por la cabeza, las obligaciones, los “debería”. Nos guiamos por lo que se supone que debemos a hacer y posponemos nuestro bienestar a cuando hayamos terminado nuestra interminable lista de tareas. Notamos nuestro cuerpo cansado, pero pensamos “cuando haya recogido la ropa, hecho la cena, terminado ese informe, mandado 3 emails y llamado a mi amiga, podré descansar y sentarme”.

En esa incesante larga lista de obligaciones, postergamos nuestro bienestar hasta un punto en el que cuando tenemos vacaciones y descansamos, volver a la rutina se hace muy complicado y cuesta arriba. Porque ahora volver a la rutina no solo implica volver a ponerse en marcha sino poner la maquinaria al 100% para volver a ser grandes trabajadores, grandes padres, grandes amigos e hijos, olvidando ser grandes cuidadores de nosotros mismos. Porque eso siempre puede esperar hasta las siguientes vacaciones. Y se nos hace cuesta arriba, pensando en cuánto falta para volver a sentir la liberación de conectar y preguntarnos lo que realmente necesitamos y nos apetece hacer.

Entre medias, en esas largas esperas, nos nutrimos con premios y alicientes de nuestros grandes esfuerzos: la comida, la cafeína y el alcohol encabezan la lista de combustibles que hacen el día algo más llevadero.

¿Qué hacer cuando la realidad actual cuenta con hacernos cargo de una larga lista de obligaciones diarias?

Lo cierto es que la sociedad no lo pone fácil y nos acota el tiempo que podemos dedicarnos a nosotros mismos. A partir de ahí, nuestra creatividad, ingenio y autoestima pondrán más o menos sencillo que busquemos la manera de permitirnos emplear el tiempo restante en pequeñas acciones diarias que nos hagan la rutina menos cuesta arriba.

Desde luego, todo esto enmarcado en una estructura social. No sería justo proclamar el lema de “si quieres puedes” en un contexto donde ante ciertas circunstancias económicas o sociales, es todo un reto sacar un ratito para nosotros/as y no hay posibilidad sencilla de compaginar las obligaciones diarias con el autocuidado. No sería respetuoso mandar este mensaje a aquellas familias que hacen malabares para cuadrar todo el día, por lo que lo reservaremos para aquellas que llevadas por inercia por el ritmo frenético de la rutina se nos ha olvidado que no hay una meta final a la que llegar y que es el camino del cual hay que disfrutar.

¿Qué hacer ante esta situación?

Cuestionarnos nuestra rutina, qué tareas son importantes y cuáles son prescindibles, marcar límites a la misma, respetar nuestros horarios, planificar actividades de las que disfrutemos, dejar a un lado la sensación de “perder el tiempo”, no autoexigirnos tanto y buscar tiempo, más o menos, pero de calidad.

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