¿Sabes que no siempre comemos por hambre?

¿Sabes que no siempre comemos por hambre?

<< Carolina es una mujer de 35 años. Trabajadora y muy comprometida con su profesión, familia y autocuidado. Refiere “haber estado a dieta toda la vida”, dietas en las que logra bajar de peso pero que termina recuperando pasado un tiempo, incluso con un aumento de peso extra.

En general, tiene buenos hábitos de alimentación, sigue unos horarios estables de comidas e intenta disfrutar de una cocina saludable. Sin embargo, hay momentos en los que siente “que no se puede controlar” y tras una larga lucha interna en la que intenta resistir, cae en el picoteo de precisamente aquellos alimentos que se tiene a sí misma prohibido tomar, como dulces, patatas o pan, sintiendo después una intensa culpabilidad. >>

¿Cuándo comemos? ¿Puede haber otro motivo que no sea hambre?

El ejemplo de Carolina representa una situación típica de lo que se conoce como “hambre emocional”. Un tipo de “hambre” urgente e inmediata que no hace referencia a una necesidad fisiológica de alimentarnos, sino que responde a las ganas de comer con el objetivo de regular determinadas emociones.

Frente al protagonismo concedido a la dieta y al ejercicio físico, la influencia de las emociones en la gestión de la alimentación ha quedado relegada a un segundo plano. Incluso cuando estamos tan familiarizados/as con expresiones como “me está entrando hambre por los nervios”, “no como por hambre sino por puro aburrimiento” o “se me ha cerrado el estómago”, expresiones que subrayan esta interrelación hambre-emoción.

Hasta hace unos años, el “hambre emocional” era un concepto poco conocido y reservado a los profesionales de la salud. Por lo que frecuentemente se confunde con “falta de voluntad”, “falta de disciplina” o “falta de compromiso con la pérdida de peso”, resultando en vivir nuestra relación con la comida con una sensación constante de descontrol y culpabilidad. Pasamos por alto la enorme influencia que nuestras emociones pueden ejercer en la forma en la que percibimos las sensaciones de hambre – saciedad.

Si bien esta relación hambre – emoción existe de forma natural en cada uno de nosotros, cada persona puede manifestarla en mayor o menor medida según su aprendizaje.

¿CONOCES TU RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN?

El primer paso clave para poder tomar las riendas de nuestra alimentación es la toma de conciencia de cómo comemos y por qué.

Para ello, te planteamos este breve cuestionario en el que debes responder las siguientes 10 preguntas acorde a una escala de frecuencia:

escala-relación-alimentación
  1. Cuando estás más estresado/a o inquieto/a ¿te suelen entrar ganas de comer?
  2. Si la comida tiene buen sabor ¿comes más de lo habitual?
  3. ¿Tienes ganas de picotear o comer cuando estás sin hacer nada, como para pasar el tiempo?
  4. Cuando estás cansado/a después de un largo día ¿sueles tener ganas de comidas más saciantes como pasta, pizza, arroz, etc.?
  5. Si la comida está buena ¿sueles comer más rápido?
  6. ¿Alguna vez a la hora de comer has sentido “que no tenías fin” y has parado “porque debías” y no porque te sintieses saciado/a?
  7. ¿Sueles tener ganas de comer un alimento en concreto o antojo?
  8. ¿Te entran ganas de comer cuando las cosas van mal o se ponen en tu contra?
  9. ¿Tienes deseo de comer cuando estás disgustado/a?
  10. ¿Alguna vez te has sentido culpable después de comerte algún alimento?

¿Te han sorprendido tus respuestas? ¿Empleas con frecuencia la alimentación emocional? Desde Alimentación 3S te animamos a que sigas conociendo y explorando tu patrón de alimentación, tanto de forma autónoma como con nuestra ayuda en la que te guiaremos a entender cómo mejorar tu relación con la alimentación.

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2 pensamientos sobre “¿Sabes que no siempre comemos por hambre?”

    • Gracias por tu comentario Conchi! Es una forma de alimentarnos muy frecuente y que solemos trabajar en consulta.
      Si tienes cualquier cuestión o quieres saber más información puedes escribirnos a través del apartado “Contacto” y nos pondremos en contacto contigo lo antes posible.

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