¿Has observado que tus emociones influyen en tu digestión? Te contamos por qué.

¿Has observado que tus emociones influyen en tu digestión? Te contamos por qué.

Sentir que repentinamente se nos “cierra el estómago” cuando recibimos una mala noticia. La sensación de “nudo en el estómago” cuando estamos preocupados/as por algo. Las mariposas en el estómago antes de una cita o la sensación de hambre constante cuando vivimos diariamente con ansiedad.
¿Alguna vez has observado si tus emociones influyen en la manera en la que percibes tu sensación de hambre? ¿Has notado que tus digestiones son diferentes según tu estado anímico?

Nuestro día a día está repleto de ejemplos como estos. Un reflejo de una de las conexiones más estudiadas en los últimos años, la fuerte conexión entre nuestro sistema nervioso y nuestro sistema digestivo o el también denominado eje intestino-cerebro.

Y es que cada vez son más los estudios que confirman esta estrecha relación entre nuestras emociones (específicamente, la gestión de las mismas) y nuestra salud digestiva.

Si te sientes identificado/a, te parece interesante o simplemente quieres conocer un poco más acerca de esta bonita relación cerebro-intestino, este es tu artículo. A continuación, te contaremos brevemente cómo funciona.

¿Cómo es la conversación entre nuestro cerebro y nuestro sistema digestivo?

Lo primero que debemos saber es que cerebro e intestino están en constante comunicación. El sistema nervioso central o “primer cerebro” manda mensajes al sistema digestivo, concretamente al denominado sistema nervioso entérico o “segundo cerebro”. Una parte del sistema digestivo que cuenta con… ¡más de 100 millones de neuronas! A su vez, el intestino responde de vuelta a través de una compleja red nerviosa, por lo que estos dos órganos están en un intercambio de mensajes constante.

Pero, ¿qué tipo de mensajes? Un ejemplo que ilustra muy bien esta comunicación es la conocida sensación cuando “se nos cierra el estómago”.

Así, cuando el sistema nervioso central anticipa un potencial peligro, manda señales al sistema digestivo para indicar que no es momento de emplear energía y recursos en la digestión, (pues tenemos que estar preparados para hacer frente a la posible amenaza). Este brillante mecanismo evolutivo cuando lo ubicamos en un mundo actual en el que no son frecuentes las amenazas y peligros que pongan en riesgo real nuestra supervivencia, opera en momentos tan casuales como una exposición en público o una reunión con nuestro jefe. De este modo, nuestro sistema nervioso se pone en alerta como si de una amenaza real se tratase, se activa la señal de alarma y se “apagan” las funciones digestivas que en este momento no se consideran prioritarias.

Relación emociones-intestino

Ante esta premisa, deriva casi de forma inmediata la siguiente pregunta.

Dado que situaciones de estrés cotidianas (una mala noticia, una discusión, un examen) suscitan en nosotros la misma respuesta de alarma como si de una amenaza vital se tratase, ¿esto no podría tener consecuencias en nuestra salud digestiva?

Efectivamente, ciertos problemas a nivel gastrointestinal (dolor de estómago, úlceras, intestino y/o colon irritable) tienen su base en este mecanismo. Se trata de trastornos psicosomáticos en los que la manera en la que gestionamos las emociones es una parte esencial para comprenderlos y poder tener un tratamiento efectivo.

¿Y cómo se comunica nuestro intestino delgado con el cerebro?

Lo interesante de esta relación es que es bidireccional, de manera que la función digestiva también afecta a nuestro estado anímico.

Un ejemplo de ello lo constituye la serotonina. La serotonina u “hormona de la felicidad” es uno de los neurotransmisores más importantes para el mantenimiento del estado anímico, afectando de manera directa a experimentar la “sensación de felicidad”. Pues bien, ¿sabías que un 90% de la serotonina se produce en el intestino?

Este artículo constituye sólo una visión breve del complejo entramado en el que intervienen muchos otros factores biológicos y en el que existen todavía múltiples incógnitas por resolver. Sin embargo, lo cierto es que cada vez son más los estudios, profesionales y tratamientos que consideran indispensable integrar la gestión emocional en el abordaje de los síntomas digestivos con el fin de lograr una mejor respuesta en la recuperación.

Si te sientes identificado con estas sensaciones y te gustaría aprender más sobre ello, echa un vistazo a nuestro combo de salud digestiva, donde aprenderás a identificar esos síntomas digestivos relacionados con las emociones.

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